lunes, 18 de octubre de 2010

No estoy inspirado para el título

Tengo un amigo. Un buen amigo. Un día, hace años, me preguntó:
-¿Soy tu mejor amigo?
-¿Y qué más da si no lo eres? ¿Dejaríamos de ser lo que somos, de hablar como hablamos y de compartir lo que compartimos?
Supongo que lo dije sin pensar, casi. Tal vez porque dudaba de que lo fuera y simplemente quería quedar bien. Años antes, otros dos amigos y yo nos prometimos mútuamente que éramos y seríamos los mejores amigos para siempre. Éramos niños, sí.

Pues este amigo que os digo, el cuál leerá esto en algún momento y dirá: "pero hombreee...", se sentirá atacado pero no se quejará porque algún día (tal vez el día del pacto social) firmamos que me dejaría decir todo lo que me viniera a la cabeza.

Tiene una especie de sistema de puntos (en algún momento debería haber dicho "tuvimos"), una cosa bastante somera y en plan broma, consistente en valorar a las personas sumando o restando puntos en una hipotética lista de cosas que otorgan y cosas que restan puntos. Dicho así suena como muy frío e hipócrita, pero en realidad sólo y exclusivamente usa el sistema para bromear, y nunca lo tiene en cuenta a la hora de valorar a alguien, ni tiene una lista (ni tan siquiera mental) sobre lo "bueno" y lo "malo".

El caso es que, el simple hecho de pensar, aunque de lejos o en broma, de una manera tan dogmática (es decir, una acción x es siempre mala y no tiene justificación) es algo peligroso. Y, sí, él lo mostará bastante gráficamente (a veces, en una noche, alguien puede acumular unos cuantos puntos), pero quién, de una forma u otra, no hace lo mismo.

De mi amigo, está claro que es difícil hablar sin conocerlo. Es un ser singular, en el buen sentido. Pero creo que, con el tiempo, se ha tergiversado a si mismo. Ha creado su propia patria con elementos de otras (como todos, digo yo). Pero se ha dedicado a adorar a lo que esas patrias adoran, a hacer suyos comportamientos ajenos, más por el hecho de pertenecer a las patrias copiadas que por una reflexión crítica acertada.

Hay algunos ejemplos un poco surrealistas en su forma de hacer las cosas. Creo que está justificado con la necesidad de sentirse parte de algo que defender. Es un planteamiento que he abandonado hace tiempo, yo, pero él ni tan siquiera está defendiendo una identidad (cultural) real, o verdaderamente propia.

Véase: Alguien nos dijo a él y a mi: "Traed sólo comida, que bebida ya hay, que hay Coca-cola y Fanta". Él apareció con su Pepsi.

1 comentario:

  1. Me imagino a quien te quieres referir con esta entrada...
    Estoy leyendo tu blog, y sinceramente disculpa que te diga una cosa, porque yo no soy nadie para meterme en la vida de los demás.
    Vales mucho y los años no pasan el balde, aún puedes conseguir lo que quieres...Lucha por ello i no te quedes delante del ordenador.
    Tienes muchisimas cosas que necesita este país.
    Gente con ganas...
    Un abras!

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